El Carnaval Congo

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*Texto extraído de  When the Devil Knocks: The Congo Tradition and the Politics of Blackness in 20th Century Panama

El carnaval congo se trata de una práctica cultural que surgió como una reacción performática a la esclavitud en Panamá. Las tradiciones del carnaval congo de Panamá celebran la resistencia de los cimarrones, antiguos esclavos africanos de la época colonial española que se refugiaron a las montañas y selvas de las Américas, donde crearon comunidades independientes. Los cimarrones prestaron su ayuda a corsarios ingleses como Francis Drake y a piratas como Henry Morgan para sabotear el comercio colonial español. Al utilizar a esos socios como ventaja, los cimarrones consiguieron negociar con los españoles y obtener así su libertad. Una vez que lo lograron, dejaron de llamarse “cimarrones”, por tener este término una connotación de “salvaje” o “montaraz”. Ya eran negros libres, “congos” libres.

La situación geopolítica de Panamá como cruce de caminos estratégico para el comercio colonial de España así como para los intereses neocoloniales capitalistas de los Estados Unidos hace de este país un espacio único desde donde se puede analizar la complejidad de la “realidad negra” de las Américas. Situada en la provincia de Colón, donde desemboca el Canal de Panamá en el Atlántico, Portobelo presenta un interesante caso práctico para la tradición, ya que se trata de una de las pocas comunidades costeñas fundadas durante la época colonial de Panamá que cuenta con prolongadas relaciones comerciales y/o turísticas con el resto del mundo. Colón eligió Portobelo como lugar de desembarco inicial en su cuarto viaje al “Nuevo Mundo”.

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La representación congo consiste en una batalla mítica entre el bien y el mal, que enfrenta a los congos (negros que alcanzaron la libertad por sus propios medios) contra los diablos (sus brutales esclavizadores). Como muchas de las tradiciones de carnaval a lo largo de las Américas, las tradiciones congo de Panamá están sujetas a una jerarquía de personajes. Los personajes principales son: Merced (la reina), Juan de Dioso (el rey), Pajarito (el príncipe), Minina (la princesa), el Diablo Mayor, el Diablo Segundo, un anfitrión de los diablos menores, un cura, un ángel y seis ánimas.
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Tanto la Reina (“María Merced” o “Mercedes”) como el Rey (“Juan de Dioso o “Juan de Dios”) se distinguen por sus coronas de cartón, decoradas con tela dorada y adornada con materiales accesibles como grandes diamantes de imitación de varios colores, espejos y/o lazos. La corona de la Reina se engalana añadiéndole cintas multicolores. Su traje, a juego con los de las otras mujeres congo, incluyen una pollera, una blusa sin mangas o de manga corta, enaguas, collares de cuentas llamados lágrimas de la Virgen y flores en el pelo. Lleva una gran cruz, que usa par protegerse y proteger a su comunidad del Diablo.

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A semejanza de los cimarrones, que se pintaban la cara para camuflarse cuando se movían por la selva, el Rey y los hombres congo se pintan la cara con carbón vegetal o con índigo. También llevan un sombrero cónico, pantalones y camisas de manga larga o una chaqueta puesta al revés. Cada hombre congo lleva un bolso colgado del hombro para recoger provisiones y lleva puesto un cinturón con utensilios (linternas de plástico, cáscaras de coco, muñecos de plástico) atado a la cintura con una cuerda. Al igual que las mujeres, los hombres se cuelgan largos collares de cuentas y adornan sus trajes de acuerdo a su gusto personal.

El Pajarito es el hijo del Rey y de la Reina. Los tres constituyen la corte real de tres miembros que dirige la comunidad congo. El cometido principal del Pajarito es proteger a la comunidad. En el pasado también desempeñaba el papel de explorador, que los guiaba en la parte del juego congo que da a comunidades rivales la oportunidad de tomar y desvalijar las fortalezas de los otros dentro del ambiente festivo del carnaval.

En Portobelo, el traje del Pajarito se compone, por lo general, de una túnica de tafetán dorada y ceñida a la cintura gracias a una cuerda. El Pajarito lleva una corona de cartón decorado terminada en plumas para mostrar su condición de ave. Además, se pinta la cara de acuerdo con los tonos amarillos y verdes de su traje.

Al hablar de las tradiciones congo de hoy día, la intérprete de congo Simona Esquina describe: “Antes solía haber una Princesa. La Princesa es la chica que acompaña a la Reina. Es más joven que la Reina. Siempre está al lado de la Reina. En el caso en que la Reina no pueda, ella toma su lugar. Ahora ya no existe la Princesa, sólo una Reina y un Rey.” En ocasiones especiales, un miembro joven de la comunidad se viste al modo de la Reina para representar una Princesa simbólica.

Carlos Chavarría, alcalde actual de Portobelo y antiguo Diablo Mayor, resume de este modo el papel del Diablo:

En nuestra tradición, el Diablo no representa más que a los españoles, que azotaban continuamente a los esclavos para que trabajaran. Sometían siempre a los negros con el látigo, y ésa es la parte [de la tradición congo] que hemos mantenido directamente. Es decir, que [el Diablo] es el enemigo de los congo puesto que se relaciona con la cultura de la raza. Pero cuando se analiza [el papel] estrictamente dentro del contexto de la tradición congo, éste encarna el mal del ser humano, el que buscamos entre nosotros mismos. Se celebra el Miércoles de Ceniza. Ese día se puede ver claramente la lucha entre el bien y el mal.

Mientras que todos los otros personajes congo aparecen durante todo el carnaval, el Diablo sólo entra en escena el Miércoles de Ceniza. El traje del Diablo se compone de un mono de algodón y una máscara, lleva cascabeles en los tobillos y un látigo, así como alas de cartón pintadas de negro. Aunque el Diablo Segundo y cada uno de los Diablos menores pueden optar por llevar trajes rojos o mezcla de rojo y negro, el Diablo Mayor es el único Diablo que se viste principalmente de negro.

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En cuanto al Arcángel, Melba Esquina, una antigua Reina congo explica: “El Ángel protege a las ánimas para que no caigan bajo el poder del Diablo.” Por su parte, Celedonio añade:

Cuando el Diablo juega con los congos, un grupo de personas, llamados Ángeles, llega para bautizar al Diablo. Después de atar al Diablo, se acercan a la mesa donde el Cura va a bautizarlo. Luego lo bautizan y lo liberan. En ese momento acaba la asociación entre el Diablo y los congos. Esta escena tiene lugar todos los años el Miércoles de Ceniza.

El Arcángel y las seis Ánimas visten túnicas cortas blancas, con pañuelos blancos atados a la cabeza. Las Ánimas se mueven en grupo, unidos mediante una cuerda y guiados por el Arcángel, que, al igual que la Reina, lleva una gran cruz de madera. A diferencia de los hombres congo y de los espectadores locales, que juegan con el Diablo en pantalones largos para protegerse las piernas de los latigazos, el Arcángel y las Ánimas lo hacen con las piernas desnudas. De este modo, las posibles heridas que puedan producirse forman también parte de su traje. Asimismo, los intérpretes congo hombres, incluido el Rey, actúan con la cara pintada de negro, excepto los Ángeles, las Ánimas y el Cura. Los únicos elementos distintivos del Cura se reducen a una hoja de albahaca y a un recipiente con agua que usa para bendecir a los Diablos.

DrummersAdemás de la corte real congo y de los personajes sobrenaturales, el baile congo constituye el eje central de la tradición. Le dan vida el ritmo de tres hombres percusionistas dirigidos por un coro de mujeres, un cantante principal y una multitud de bailarines y bailarinas congo.

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La representación principal de la tradición tiene lugar durante el tiempo de carnaval (la temporada congo), que comienza el 20 de enero y llega a su apogeo el martes y el miércoles antes del inicio de la Cuaresma, los cuarenta días que van desde el Miércoles de Ceniza hasta la Pascua de Resurrección. Existe un conjunto de “actuaciones rituales” que se halla incrustado en un patrón más extenso de “representación cultural”, que funciona como “escenas” en la representación congo. El apogeo de las interpretaciones de congo empieza el Martes de Carnaval y terminan el Miércoles.

Estas “escenas” rituales representan el drama social de las luchas de los cimarrones por mantener y proteger sus comunidades libres de la usurpación de los españoles, su reapropiación del tropo del diablo para adaptarlo a su narrativa de liberación y su utilización de la inversión, la bufonería y el desvío de la atención como tácticas de supervivencia. Mediante la representación congo, también denominada localmente como “el juego congo”, y el uso del dialecto congo, el grupo parodia a la Iglesia Católica y a la Corona española con el objetivo de crear una crítica personificada de la institución de la esclavitud y de sus principales agentes. La parodia, que se manifiesta mediante transposiciones de significado así como mediante transposiciones de códigos vestimentarios, constituye un elemento central en la representación.

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Antes de la medianoche del Martes de Carnaval, el Diablo Mayor visita el palacio sin su traje para comprobar que los congos se han reunido para jugar. Después, vuelve a casa, se viste y regresa caminando hacia atrás. El Pajarito, que ha estado montado guardia en el palacio, silba para alertar a los congos de que el Diablo se acerca. El primer baile de la representación congo es el “Diablo Tun”: El Diablo baila la canción con los pies en posición perpendicular, formando una cruz.

Cuando el Diablo Mayor entra en el palacio, lo hace para capturar a la Reina, que representa la sede del poder congo. El interés de la Reina colonial española residía en la colonización mediante la expansión territorial, la cristianización y la explotación del trabajo mediante la esclavitud. Los esclavizadores se apropiaron de los conceptos de “diablo” e “iglesia” como medios para disuadir cualquier tipo de rebelión y para proteger a la institución esclavista.

El juego congo redefine el poder de tal modo que la Reina congo utiliza su cruz/la iglesia para combatir al Diablo/esclavizador y proteger a su nación.

Cuando el Diablo Mayor baila hacia atrás en dirección del palacio, la Reina acude desde su lugar en el coro con su gran cruz de madera en la mano. Entonces, empieza a bailar frente a los tambores mientras que los miembros congo juegan, bailan y se burlan del Diablo para distraerlo.

Al final, la Reina agarra al Diablo por detrás y bailan juntos en una batalla tensa, mientras el coro canta el “Diablo Tun Tun”. Al haberlo engañado agarrándolo por detrás, la Reina evita que el Diablo la atrape. Bailan de ese modo hasta que el Diablo da un salto y los lanza a ambos hacia los tambores, así acaba la parte oficial del Martes de Carnaval de la representación congo. Las festividades de carnaval, de las que la representación congo es sólo una parte, continúan toda la noche.

A las cinco de la mañana las campanas de la iglesia anuncian el oficio de las seis del Miércoles de Ceniza, así que los congos que lo desean van a misa para que les ponga ceniza en la frente. A pesar de que se trata del comienzo de la Cuaresma para la iglesia, los congos no dejan de jugar. Repiten la canción del Diablo Tun Tun y continúan jugando con el Diablo. En esta ocasión el escenario se traslada en frente de la puerta de la iglesia y a los alrededores. Los espectadores de las otras comunidades van llegando a lo largo de la mañana hasta que el Diablo se retira de la zona de la iglesia, entonces el juego se termina y todos pueden volver a sus casas a descansar.

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Al anochecer, el Diablo Mayor y todos los Diablos menores toman las calles. Como la representación congo continúa, el Arcángel y las seis Ánimas que lo siguen persiguen y atan a todos los Diablos, empezando por los Diablos menores y siguiendo el orden jerárquico. Una vez que son capturados, cada Diablo elige una madrina entre las mujeres de la muchedumbre, que lo acompaña a recibir la bendición del cura congo.

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A devil with a Madrina
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El cura intenta hacerse con el Diablo invocando el nombre de Dios, pero éste se niega y continúa diciendo “arroz”. Al final el cura acepta “arroz” como “Dios”, le quita el látigo y lo desenmascara. El juego acaba cuando todos los Diablos están bautizados y desenmascarados.

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El último en ser bautizado es el Diablo Mayor. La representación congo termina cuando se desenmascara al diablo principal, el Diablo Mayor, y le quitan el látigo, lo bautizan y lo venden simbólicamente. El actual alcalde y antiguo Diablo Mayor, Carlos Chavarría, lo resume así:

Y ése es el momento en que acaba todo. El bien vence al mal, que es cuando a mí [el Diablo Mayor] me bautizan. Y se celebra. Lo que se logra es la victoria del bien sobre el mal, y vivimos un momento de gran alegría, que es lo que la tradición recrea. Pero si lo observamos desde el punto de vista de los negros y los españoles, sólo se trata de [mostrar] que los españoles siempre se servían del látigo para esclavizar a los negros.

Los colonos españoles se apropiaron del diablo cristiano como un arma contra las comunidades esclavizadas. La historia oral relata que los colonos amenazaban a veces con la frase “El diablo te va a llevar”, para disuadir cualquier tipo de rebelión o de fuga. Los artífices de la tradición congo veían a sus esclavizadores como la personificación de aquella amenaza y reinterpretaron el tropo del “diablo” como una parodia. De ese modo, crearon una narrativa en la que a los esclavizadores les dan un papel de diablos salvajes con látigos que han de ser capturados, bautizados y vendidos por comunidades negras lo suficientemente poderosas para obtener la libertad por sus propios medios. Crearon una narrativa que celebraba la historia y el espíritu del cimarronaje. Los valores de la rebelión negra, de la resistencia y de la reapropiación, que enmarcan las tradiciones congo panameñas en el imaginario mundial, son el resultado un contexto cultural en el que se juega con el diablo y se vence.

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